
Kepa, hijo único de padre pacense y madre bilbaína, cuenta, a través de la
escritura de un diario que le ha impuesto Ainara, su tía periodista, su visión de
la vida, transcribe los diálogos que reflejan las discusiones de sus padres, se
sincera... La tensión laboral mina la relación de sus padres, hasta el punto de
que Kepa llega a pensar en la posibilidad de que sus padres se separen. Pero,
consumado el despido de su padre (aita), los papeles se invierten: su madre
encuentra trabajo como informática, y su padre se dedica a las labores
domésticas. Kepa se apoya en Sofía, una guapa compañera de clase con la que
tiene que hacer un trabajo sobre el Museo Guggenheim de Bilbao. El mundo de
la pintura ocupa, partir de ahora, un lugar omnipresente en la novela:
discusiones sobre la ética profesional de Picasso y su inmoral actitud en su
trato con sus esposas, la bella serenidad de la condesa Noailles, de Zuloaga,...
Tras una merienda con sus amigos en casa de tía Ainara, Kepa es testigo de la
explosión de una bomba que hiere a Sofía. Ingresada con heridas en la cabeza,
Kepa se refugia en el Museo, en su espacio de paz, a rezar y reflexionar. Sofía,
junto con su familia, abandona el País Vasco y se establece en Madrid. A través
de los correos electrónicos que se cruzan, se descubre el amor que ellos
sienten.